No,
no es necesario que lo entiendas. Porque nunca le ha servido la razón al corazón,
el corazón no piensa. No, mi vida, ¿para qué te esfuerzas? no me tienes que explicar, siempre amaré tu libertad por mucho que eso duela.
Y sí, entiendo que quieres hablar, que a veces necesitas saber de mí. Pero no sé si quiera saber de ti vivir así, seguir así...