El corazón lastimaba cada vez más mi pecho con cada uno de sus latidos, un poco más, un poco más.
Me dolía. Cerré los ojos, no deseaba mirar más mi alrededor. Sólo veía las paredes de un celeste lastimoso y el lavabo. Veía un cuarto de baño que me repugnaba, pero era el lugar donde estaría más tranquila.
Sé que me verían, que él me vería,
como una niña caprichosa y tonta, pues es lo que siempre fui a sus ojos. Pero, ya no me preocuparía por ello, todo estaba a punto de acabar. Todo cambiaría, y
yo no sufriría más. Sólo por un momento. Sufriría por unos instantes más. Y listo. Basta de heridas. Me presioné con más fuerza contra la pared, y me mordí el labio inferior con violencia. Abrí los ojos, y casi sin darme cuenta, aquél líquido volvió a atormentarme, cayendo por mis ojos y recorriendo mis mejillas. Formé una
sonrisita débil, salada por las lágrimas. Mientras mis ojos se dirigían a mis manos. Las elevé. Estaban entrelazadas entre sí; las observé mientras con cuidado, eliminaba aquél agarre. Cuando por fin la desenlace, el frasco cayó. El impacto contra el suelo fue acompañado de mi última lágrima, que terminó en mi mentón y desapareció en el ambiente.
Una lágrima más. Un instante más.
Con lentitud, fui cayendo junto a la pared del cuarto del baño, apoyándome en sí y deslizándome, hasta llegar al suelo. Sostuve el frasco en mis manos luego de que lo agarrará, y observe lo que yacía dentro de éste.
Píldoras amontonadas y distintas, como un mar de colores.
Con mi pulgar me deshice rápidamente de la tapa, que cayó no muy lejos de mí, danzando sobre si misma.
Acerqué el frasco a mis labios. Estoy lista. Presioné el contorno del frasco destapado sobre mi boca,
sentí el contenido tocar mi lengua. Y su voz se escuchó a lo lejos.
SunnyBroke - Jane&Mandy
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